
Mientras trato de convencerme a mi mismo que lo que escribo tiene mayor valor que los kbs que dicho mensaje ocupa en un servidor remoto, en tierras ígnotas, manejado por un informático originario del tercer mundo… o no… les contaré que me parece la Navidad.
Cosas de la globalización, los blogs en que consignar nuestro sentimentalismo ya sea súblime o pueril abundan, y añadiría que llegada la navidad… se desbordan!!!
Sucumbo yo también y destilo mis gotitas de ironia y sarcasmo jocundo con ocasión del natalicio de Jesús. Es una época que lo aguanta todo, los mayores tratan de llevar sus mejores galas, perfumarse con los mejores efluvios, aparecer jóvenes y resplandecientes ante el fausto acontecimiento. Los niños intuyen la avalancha de regalos para calmar las malas conciencias de los padres que no pudieron dedicarles tiempo y para que anden entretenidos en diversiones fútiles, más allá de aprovechar el contacto directo y sin cortapisas que dan las vacaciones de fin de año. Medio zalameros, medio chantajistas, sabén o intuyen que del mundo feerico del orondo señor barbudo que entra por las chimeneas sin hacerse ni una manchita o del de los tres reyes que persiguieron a la estrella pero siguieron en camello en lugar de Mercedes, les va a llegar el óbolo simplemente por ser niños o el carbón (no se dice si antracita, lignito, hulla o turba) con que tiznarse la cara.
¿Puede haber época más falsa e irreal del año que esta? Incluso el verano con sus amores fou, ligones playeros y niñas enseñando chicha (esten buenas o no) se me antoja más soportable. Mis queridos drugos vayan ustedes, vayan a un centro comercial de esos, si se atreven, Carreful, Mercabrona o similar, traten de permanecer impertérritos ante los villancicos puestos a todo volumen en la megafonía sin solución de continuidad… Al lado de eso la musica de Merzbow, Mika Vainio, Whithouse, Nurse with Wound o Vagina Dentata les sonará a cantata de Bach.
En la tele no paran de echar feelgood movies y las tropecientas variaciones sobre los problemas del muy estajanovista Santa Claus en repartir los regalos.
Pero no todo es tan malo, se recibe la caja de navidad, se hacen fiestas de empresa en que lo raro es no hacer el ridículo, se bebe como si fuera el fin del mundo y se deja la Visa echando humo.
Bien es sabido que odio el cava, espumoso generador de estruendosos eructos. Siempre me da la impresión de que me estoy bebiendo un trago de champú. En lugar de eso se podría brindar con un buen whisky de malta que seguro que nos sienta mejor y se paladea más intensamente. Sin embargo podría ser sidra, mistela u otros licores como los abominables chupitos de schnaps o pêche como se le ha dado en llamar, que hacen parecer bueno hasta al mismísimo cava, pero en fin…
No dejeis que el consumismo navideño os impidar regalar lo más valioso en este mundo contingente … vuestro tiempo para los seres a los que quereis.
