Archivos para Enero 2008

31
Ene
08

la cuesta de enero

Despues de los fastos y dispendios de fin de año nos asalta la no por menos conocida, más ignorada cuesta de enero. Este año tan empinada o más que el fistro de pipi Estrada.

 

 Se presenta sin embargo este año como más ominosa que nunca si cabe: vease la crisis de las subprime estadounidense (subprimas debe ser alguna pariente downie, retard u algo asín), el Euribor que no hace sino subir o acaso mantenerse (pese a la bajada tras bajada de la Fed), las graciosas rebajas de impuestos que se aplicarán elecciones mediante en junio no se nos aplican en enero (demasiado tarde para librarme de mis trimestrales, snif snif),  los combustibles fósiles que ya cuestan más caros que una litrona de cerveza, etc, etc.

 Se nota cuando se sale, si es que alguien se aventura a salir, la mayoría se refugia en su casa con mantas y comiendo mortadela porque está la cosa grave, mejor dormir que eso no gasta y encima uno descansa y ver lo que dan por la tele entre interminables tandas de anuncios. Los que todavía noctámbulos y dipsómanos, disolutos que somos vaya,  salimos,  observamos que si la consumición va con la entrada ahí nos quedamos quietos paraos y si no, pues el cubatita lo hacemos durar más que las pilas del conejito de duracell. Por si fuera poco los locales de música un poco arriesgada (no abiertamente comercial ni de de radioformula) están desapareciendo como por ensalmo, con lo que entre cutrehit de niña mostrando más muslo que talento,  horteradas y refritos varios ya ni podemos consolarmos castigandonos el hígado.

 Encima de miseriosos acuciados por el reggaetón el R&B facilón y el pop español de garrafón. Oh tempora oh mores.

 

08
Ene
08

Eutimia.

Resulta divertido pararse a pensar un minuto para vislumbrar cuantas de nuestras actividades son rutinarias o impuestas por convenciones sociales, en contraposición a las absolutamente libres.

Por un lado está la rutina, la repetición.

Para muchos timoratos , un alivio frente a posibilidades demasiado aventuradas, se aferran como piece de resistance a sus obligaciones o pequeños ritos diarios en la confianza de que si no se salen de ellos su estado de cosas no se verá alterado por elementos extraños considerados como perturbadores. Son aquellos émulos de I.Kant por cuyo paso en sus regularísimas caminatas se podian poner los relojes en hora o de A.Einstein que para no complicarse la vida al vestirse tenia varios juegos del mismo traje.

Por otro los convencionalismos.

Son como el asidero, el padre amoroso siempre presto a reicibir al hijo pródigo si con ello se vuelve a insertar en la moral social.  aquellos que creen que lo correcto existe y que además, está escrito son sus paladines. Recuerdo a mi paso por la facultad como muchas féminas tenian como botón de honor (que diablos querrá decir esto!) el conocer bien el arte del protocolo, sabian como poner la mesa y servir, preparar suculentos platos, agasajar a visitantes, tener conversaciones politicamente correctas, distinguir las subrazas de perros y caballos, elegir la ropa y por supuesto saber combinarla adecuadamente con los complementos. Hoy lo respeto, al fin y al cabo no deja de ser una forma de saber en un mundo en que se vitorea la ignorancia.

El problema es que la etiqueta como todo cambia y con frecuencia aquellos gestos quedaban forzados, engolados y marchitos pretendiendo por el contrario destilar el gusto prÍstino de lo antiguo imperecedero. Como fruto de una especie de memoria colectiva se repiten los mismos clichés y uno acaba pensando que no es tan malo que sea así, porque al menos quien no sea capaz de escribir su propio papel siempre puede buscarse alguna obra que le acomode.

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Pese a todo he de confesar que comienzo a no mirar con tan malos ojos estos dos atentados a la originalidad y a la espontaneidad,  mal que sea un derroche de posibilidades en el tiempo que se nos ha dado, que es, con toda seguridad, finito.

La eutimia es un anhelo muy razonable.

También lo es la tolerancia.

Debe ser que me hago viejo…