Despues de los fastos y dispendios de fin de año nos asalta la no por menos conocida, más ignorada cuesta de enero. Este año tan empinada o más que el fistro de pipi Estrada.

Se presenta sin embargo este año como más ominosa que nunca si cabe: vease la crisis de las subprime estadounidense (subprimas debe ser alguna pariente downie, retard u algo asín), el Euribor que no hace sino subir o acaso mantenerse (pese a la bajada tras bajada de la Fed), las graciosas rebajas de impuestos que se aplicarán elecciones mediante en junio no se nos aplican en enero (demasiado tarde para librarme de mis trimestrales, snif snif), los combustibles fósiles que ya cuestan más caros que una litrona de cerveza, etc, etc.
Se nota cuando se sale, si es que alguien se aventura a salir, la mayoría se refugia en su casa con mantas y comiendo mortadela porque está la cosa grave, mejor dormir que eso no gasta y encima uno descansa y ver lo que dan por la tele entre interminables tandas de anuncios. Los que todavía noctámbulos y dipsómanos, disolutos que somos vaya, salimos, observamos que si la consumición va con la entrada ahí nos quedamos quietos paraos y si no, pues el cubatita lo hacemos durar más que las pilas del conejito de duracell. Por si fuera poco los locales de música un poco arriesgada (no abiertamente comercial ni de de radioformula) están desapareciendo como por ensalmo, con lo que entre cutrehit de niña mostrando más muslo que talento, horteradas y refritos varios ya ni podemos consolarmos castigandonos el hígado.
Encima de miseriosos acuciados por el reggaetón el R&B facilón y el pop español de garrafón. Oh tempora oh mores.



