communio est mater discordiarum o al menos eso decian los romanos acerca de la co-propiedad.
Pero no olvidemos los modales. Comoquiera que ha terminado nuestra vueltecita alrededor del sol y viniendo al caso del fausto acontecimiento, felicito el año nuevo a aquellos que tienen la delicadeza de leerme y aprovecho para desearles toda suerte de bienes para la presente vuelta.
Volviendo al asunto con que principiaba el post, aquellos que no disponen del uso o propiedad de una superficie ad sidera usque ad infernos, vamos los que viven en propiedad horizontal, saben quan dificil se hace compartir elementos comúnes y más aún conocen lo jorobado que resulta cuando dichos elementos comunes no proporcionan el debido aislamiento o estanqueidad, de manera que de vecino pasas a ser compañero de piso… forzoso.

Parece de chiste pero la finca en cuestión siempre fue muy peculiar, huelgo dar mas datos para que no me spoteen, pero resulta algo asín:

Es una finca vieja, en que todo se puso de calidad justita y ahora se nota, en las tetatechos, las lluvias doradas o las paredes llorosas.

Y eso que es lo que es? se preguntarán.
Las tetatecho son fenómenos producidos por acumulaciones de agua proviniente de la rotura de las tuberias internas de plomo que la pintura plástica impermeable va reteniendo, hasta que la pintura se comba y se forman como unas tetas repletas de agua en el techo.
En ocasiones se dan en las tetatecho epifenómenos, como el “epifenómeno obregón” por el cual al superarse el límite de resistencia de la pintura plástica, la tetatecho explosiona provocando un chorrazo de agua, o el “epifenómeno marujita” por el cual una vez explosionada y vaciada de líquido la tetatecho se contrae arrugandose sobre si misma como una pasa.
Las lluvias doradas son fenómenos escatológicos y asaz desagradable que consisten en la caida de filtraciones de aguas provinientes de micción o aguas fecales que en la vertical del inodoro caen del inodoro superior mal sellado o atrozmente embozado al usarse ceporrinamente como basurero. Dicho fenómeno tiene como epifenómeno el prorrumpir en virulentas maldiciones y acordarse de todos y cada uno los ancestros femeninos de los habitantes del piso superior por varias generaciones e incluso reencarnaciones en los más horrendos términos.
Por ultimo las paredes llorosas son fenómenos por los cuales de las junturas de los tabiques
con los marcos inopinadamente manan hillillos de agua cual lágrimas. No nos consta que San Vicente Ferrer dijera que “minvará minvará pero mai s´assecarà”, el caso es que au contraire de lo sucedido en el manantial, al cortar el agua desde la bas el “milagro” cesó y con él la aparición sobrenatural de chispas y rayos que acaecian al vertirse los “lloros” sobre la caja de los fusibles.

¿Hay piedad o resignación cristiana que sorporte todo esto? O es que después del “Descenso a los infiernos” me viene “la gloria caida de los cielos”…
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