A lo largo de ese trámite que se llama facultad se nos insiste machaconamente en que hemos de ser “breves y concisos” en nuestros escritos. La base de tal afirmación es la creencia de que los juzgadores abrumados por la inmensa carga de asuntos que penden ante ellos y la complejidad inherente a cualquier contienda judicial (litis) no pueden permitirse dedicar demasiado tiempo a los escritos de parte.
Sin dejar de ser cierto hay que matizar este consejo.
En primer lugar es que si se echa una rápida ojeada a algunos de los juzgados más colapsados vemos que también coincide con la participación de sus titulares en toda suerte de seminarios, cursos y docencias, cuya actividad es la única que no les es incompatible y que viene a completar sus ingresos.

En segundo lugar mencionar que dicha afirmación de “brevedad y concisión” se ha de poner en relación con la necesidad de claridad en los escritos y la congruencia de las resoluciones a obtener. Decian los clásicos que quod scripsi, scripsi o sea que “lo escrito, escrito está”. Si uno organiza bien la información, un escrito pese a que sea extenso es una guía para el juzgador y en teoría facilita su tarea. Pero sobretodo porque así nadie te podrá decir que no has alegado o dicho algo y ponerte una excusa para no resolverlo. Algunas veces pareceras un lerdo, repitiendo todos los sintagmas y complementos de las frases, pero mejor evitar anacolutos y elipsis. El ideal es que cualquiera, incluso un lego en derecho pueda entender tu escrito.

En tercer lugar la ominosa amenaza que supone el art. 448 del Código Penal y los jugosos incentivos salariales por numero de sentencias puestas han motivado que se pongan las resoluciones casi como proceso industrial.

Ejemplos: Huelga la cita de Jurisprudencia, valoración de la prueba (en conjunto of course! para que no se vea porque deciden en un sentido y no en otro), motivación (eso búscalo en los debates de la universidad o académicos), la inveterada costumbre de poner fundamentos de derecho que tanto valdrian para resolver de un lado que para otro y en el ultimo momento poner el fallo… por no hablar de las sentencias salómonicas (en caso de duda te doy el principal y te quito intereses y costas…) o los automatismos (250 euros de pensión alimenticia irrespectivamente de que necesidades haya).

El Juez o Magistrado que se negase a juzgar, sin alegar causa legal, o so pretexto de oscuridad, insuficiencia o silencio de la Ley, será castigado con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a cuatro años.
En cuarto lugar porque ese rumor tan extendido de que los propios jueces de instancia reconocen que los fallos de la primera intancia los resuelve el tribunal de alzada… obligando al justiciable al peregrinar jurisdiccional para obtener una resolución fundada. Por supuesto a evitar esto no ayuda nada la muy castrense costumbre de cargarle al nuevo todo lo más chungo, de modo que un recien incorporado, tenga que verselas en la soledad de su despacho en el primer dia con jurisdicción civil y penal, violencia de género, guardias y que no le carguen el registro civil y la justicia electoral. El lema parece ser juzga o revienta.
Por eso tiene todos mis respetos la ardua tarea que hacen, siendo arbitros de los más broncos partidos, pero nadie les ha obligado a ser jueces y esta como casi cualquier otra, no es una profesión que pueda hacerse mecánicamente, sobretodo porque en cada caso hay un conflicto, un drama, un problema personal, esperando ser resuelto… y un abogado desconcertado que no acierta a explicar al cabreado cliente como es que ha salido una resolución tan impredecible.
Es un problema insoluble hasta que no se perciba el valor fundamental que tiene la Justicia para el funcionamiento de la Sociedad en general y se pongan los medios personales y materiales para que funcione. Por desgracia noticias como esta no mueven precisamente a la esperanza.
http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2009061300_19_600966__Comunitat-Valenciana-juzgados-quedan-papel-oficial
Entretanto sólo nos consuela que algunos fines de semana y en agosto (cuando no nos toque truño de oficio) podamos poner nuestro cerebro en modo unineuronal y dedicarnos a festear hasta que el lunes vuelva a sonar el “I got you babe” de Sonny and Cher en Punxatawney.
