Y se termina, que le vamos a hacer, bonito sería vivir en ese verano interminable en que viven los Pocholos y Marichalares del mundo, pero el resto cuando llega septiembre nos aprestamos al pane lucrando.
Como cada fin de temporada uno se pregunta, aunque no debería, si podia haber disfrutado más o trabajado más. Dicha pregunta, aparte de contradictoria es fútil porque sea lo que sea que hayas hecho, rascaster la pancha o currar a contracorriente o la usual combinación de ambas, ya no tiene remedio.
Para ser honesto, ya que coherente no, creo que el año próximo si que tiraré millas, pues no es por pijerio según he descubierto si no por alejarse de forma irremisible del trabajo que muchos lo hacen. Este verano he comprobado que si estás demasiado cerca de tu curro, corres la tentación de que te venza cierto tipo de responsabildad sui generis y ante una llamada acuciante, acudir y pringar. Estando bien lejos media una imposibilidad física que despeja cualquier ataque de este tipo de responsabilidad, vamos que descansas quieras o no, es un descanso y una imposibilidad de trabajar irreversible. 34 años para darse cuenta de esto, manda huevos!

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